Publicado en Actualidad, Opinión

En las calles

Hace poco salió en prensa que había fallecido una persona sin hogar de una zona céntrica de la ciudad que frecuento habitualmente, ha sido inevitable pensar que quizás lo vi mil veces, quizás ni lo ví o quizás ni me di cuenta de su presencia…
Y es que algunos están ahí, en las esquinas de nuestras calles, después de decisiones, de fracasos personales o fracasos de sistema.
No sé si es antes fue la gallina o el huevo, y es que después de 20 años dedicándome a los servicios sociales, a estas tareas asistenciales y con suerte promocionales, se que la calle mata mucho antes de que tocara y que no es fácil salir.
Cuando he podido he explicado mi punto de vista: que los recursos residenciales tal y como están enfocados no cubren las necesidades de ciertas personas que viven en la calle, y que algunas propuestas, pueden incluir a algunas personas más, pero que habrá aún muchas personas que quedarán excluidas.
Además, la realidad es más dura aún, porque no hay recursos suficientes para atender todas las necesidades de una persona que no tiene una casa para dormir. Sin contar con todos aquellos que los desahucian de su alquiler o de su estabilidad.

¿Qué sentimiento de fracaso tiene una persona que vive con sólo una mochila a las espaldas? Personas que a veces ni tienen documentación para reconocerlos, que sus redes sociales habituales son las personas con las que comparten la calle y son los que les prestan atención y apoyo.
Personas que pierden su intimidad a compartir duchas, ropa y comida.

¿Quién puede mitigar eso fácilmente? 

Con respecto a los que tienen problemas de adicciones¿Puede abandonar una personas un habito rápidamente cuando seguro que es un problema cronificado que lo ha llevado hasta ese lugar?

Una de las primeras personas que murieron en la calle que yo conocí, decía que tenía un sueño muy sencillo, y era montarse en el autobús y que alguien se quisiera sentar al lado de él sin desconfiar…
También conocí a otra, que vivía en un coche, y que fue al hospital cuando se encontraba muy enferma y que en urgencias no le hicieron mucho caso, y que al poco tiempo falleció…
Y como estas, muchas más historias tremendas que no son producto de una novela y sí de nuestra realidad.

Más allá de las responsabilidades de la administración que genera  ayudas  que a veces llegan tarde o no llegan, también tendremos que pensar como sociedad que apoyo les damos a estas personas, porque esas personas posiblemente tuvieron una “seguridad” como la nuestra hasta que por alguna razón se torció la vida.

Volver a la “normalidad” para algunas personas  es tan difícil como ser funambulista, y desgraciadamente, al final se caen tanto que no es fácil conseguirlo.

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